
cuando volvemos a los lugares de nuestros orígenes, algo se mueve en el alma. aunque yo no soy de allí, recuerdo con todo el cariño a la abuela de mi marido que con esa dulzura hablaba, cocinaba,
sonreía... historias contadas con calor, con emoción.
innolvidables los ratitos alrededor de la mesa, con su "
vin de
noie", el salchichón comprado en la
boucherie de abajo y una "
fougasse" (pan típico de allí).

abrir las ventanas de la casa y encontrarte de frente ese bosque de cedros, le
luberon, el aire que rodeaba la casa, la bajada a la "cave"...

cuantos cuentos, cuantos recuerdos se agolpan, risas pícaras en las esquinas, en las escaleras de piedra, en la muralla y la alegría de volver a pisar ese
pueblecito con mi marido, mis hijos y unos buenos amigos...